El Tribunal de las Aguas cumple 10 años como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

Foto: Agustín Verdeguer.- El Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia, más conocido en su forma abreviada, Tribunal de las Aguas de Valencia, ha celebrado este jueves por todo lo alto el décimo aniversario de su inclusión en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco y lo ha celebrado, como siempre al mediodía, en la puerta de los Apóstoles de la Catedral.

Fue el 30 de septiembre de 2009 cuando la UNESCO, reunida en Abu Dabi, reconoció al Tribunal de las Aguas como «una institución jurídica consuetudinaria de gestión del agua cuyos orígenes se remontan a la época de Al-Andalus (siglos IX-XIII)».

Los miembros del Tribunal de las Aguas son elegidos democráticamente y resuelven los litigios mediante un procedimiento oral caracterizado por su «celeridad, transparencia e imparcialidad». El tribunal está integrado por ocho síndicos elegidos que representan a nueve comunidades de regantes con un total de 11.691 miembros, y se reúne cada jueves a las 12 horas en la puerta de los Apóstoles de la Catedral de València.

Un poco de historia

El Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia es la más antigua institución de justicia existente en Europa. Aunque ya existiera desde tiempos de los romanos alguna institución jurídica que resolviera los problemas del agua en tierras de Valencia, la organización que hemos heredado data de los tiempos de Al-Andalus y, muy posiblemente, de la época del Califato de Córdoba, perfeccionada desde los primeros momentos de la conquista del Reino de Valencia por el rey don Jaime.

Modelo de justicia, reconocido por todas las ideologías, culturas y pueblos que configuran la rica personalidad valenciana, ha resistido el paso de los tiempos; ni la Valencia foral, ni el centralismo de nuevo cuño borbónico, ni las Cortes de Cádiz de 1812, restaron jurisdicción a este tribunal que la Constitución española de 1978, nuestro Estatuto de Autonomía, la Unesco y otros organismo de ámbito internacional, valoran y tienen en gran consideración.

La escasez de agua para el riego en la fértil vega de Valencia, admiración de viajeros que a lo largo de los siglos pasaron por estas tierras valencianas: “…la huerta espessa e grand”, del Poema del Mio Cid; el “…campo valenciano fertilísimo, pues produce inmensa variedad de frutos…”, de J. Münzer; la “…llanura deliciosa, en una región muy fértil y caliente…”, de Claude de Bronseval; “el más bello jardín del mundo”, del Cardenal de Retz; “la naturaleza parece haber repartido allí sus dones a manos llenas”, de A. Ponz;… ponen de relieve las bondades de la huerta de Valencia y la necesidad de una sabia, equitativa y justa distribución del agua que había de llegar a las 17.000 Has. de tierra de regadío a través de un complejo sistema de acequias madre, con sus brazos e hijuelas, “sequiols” y “sequiolets” que tomaban el agua del río Turia. De ahí nació el concepto de “fila” (etimológicamente ‘parte sacada de un todo’), que no es un volumen fijo de agua sino variable en función del caudal total del río.

Ocho son las acequias madre que toman agua del río Turia a través de sus azudes; por la margen derecha, las de Quart, Benácher y Faitanar, Mislata-Chirivella, Favara y Rovella; por la margen izquierda, las de Tormos, Mestalla y Rascaña.

Ellas son las encargadas de retirar del río la parte correspondiente de las 138 filas en que se distribuye el agua del caudal existente en el lugar en que arranca la primera de las acequias, la de Quart; de esa manera, el agua llegará hasta la última de ellas y fertilizará los campos correspondientes sin verse perjudicada por su situación.

Hoy, las modificaciones ocasionadas por la construcción del nuevo cauce del río Turia con la Solución Sur han hecho variar el sistema de azudes con la aparición del Azud del Repartiment (‘La Cassola’) del que toman aguas las acequias de Rascanya, Robella y Favara, además de la acequia del Oro.

Las Comunidades de las acequias se rigen por viejas Ordenanzas, trasmitidas por vía oral desde tiempos de los árabes y escritas desde principios del s. XVIII. Una Junta administradora, elegida democráticamente entre todos los miembros de la Comunidad, al igual que el síndico-presidente de la misma, vela por el cumplimiento estricto de las normas.

Todos ellos deben ser labradores, cultivadores directos de sus tierras y con conocida fama de “hombre honrado”. Síndico y vocales se ven ayudados en su trabajo por el Guarda de la acequia, empleado que cuida de que el agua llegue a todos según su turno o tanda de riego, comunicando las infracciones cometidas para que éstas sean denunciadas y juzgadas en el Tribunal de las Aguas.

El Tribunal de las Aguas está constituido por los síndicos de las ocho acequias, presidido por un síndico-presidente elegido de entre ellos. (Hubo tiempo en el que fueron siete hasta que la acequia de Benager-Faitanar se desgajó de la de Quart y pasó a ocho el número de síndicos. Hoy, la acequia de Chirivella, brazo que arranca de la acequia de Mislata, constituye comunidad aparte, aunque su origen no arranque del mismo río).



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